sábado, 1 de abril de 2017

Vallejo me da hambre


Por Guillermo Briseño
(escritor y músico mexicano)



Vallejo me da hambre
¿cuánto vale un taco de ojo?
el micrófono está sordo
y aún así no quiere que le griten
por eso no como cuando lo veo
pero leo, eso sí, leo a Vallejo
y me da hambre

La mano de Obregón vivía en el parque
y un día se marchó
llevóse el frasco y los tendones
y toda su palidez loca en formol
Cruzo la calle y el micrófono me anuncia
con un silencio estridente
que tengo hambre
que Vallejo me da hambre

En la guerra de los pesos
los pasos se sienten en el código genético
no se oyen, corren por las vetas
de la química secreta
los guerreros mueren, se pudren
en el parque y nadie los recoge
mueren en el micrófono y nadie los oye
y gritan y Vallejo impávido
sigue buscando con ve chica
y yo tengo hambre

Y no tengo casa
ni madre, ni país
no tengo tinta ni cuaderno
Yo no tengo la mano de Obregón
mis hijas y mis hijos no la tienen
que dios la tenga en su frasco
y beba formol
deje en paz a César Vallejo
que tanta hambre me produce

Quién perdió la mano
¿un militar distraído?
Quién la cabeza
quién el piso
Los caballos Villa
la paciencia Felipe Ángeles
Todos perdieron
La confianza perdió a Zapata
y México la Revolución
por cruzar el parque como yo
cual si fuera otro rumbo
placenta y no formol
que contuviera
otra historia y no la mano
y naciera en el frasco
una constelación de Césares Vallejo
que yo leería
muerto de hambre
y tendría un Perú mexicano
y una España
con Franco muerto
por un poema atravesado
en el hocico

Ay, del animal de la luz
ay de su armazón sin hueso
ay de hoy, ay de ayer
porque mañana me puse a caminar
las veredas del parque
y lo vi descender
inundar de luz las hojas
y las piedras
derramarse como todo animal
por las venas del discurso
y darle otro sentido
tan radical y distinto
que le moja los zapatos
a mi libro y a mi hambre

Y tú allí, como una especie
en extinción que se alza en armas
y toma el micrófono sordo
haciéndolo escuchar
que no te acabas
y convocas a todas las partículas
de luz a darse vuelta
y no dejarse atrapar
o predecir
y así en el mar
de la razón impredecible
imprescindible ser
para nutrir la nada
que tan demasiada nada fue
que hizo nacer la contranada
en que te extingues
y vives más que nunca
Doblo mi cansancio y me siento en él
la bugambilia mira sorprendida
cómo escurro por las piedras tristes
cómo lluevo sin moverme
Hay un charco de mí al centro del parque
hay un hoyo de mí en el monumento
hay un libro sobre mí que plancha
mis arrugas, mis dudas y exabruptos
Estoy tan en paz, tan muerto de hambre
de fluir entre las grietas
hambre de ir al mar de los vapores
y celebrar mi propia implosión
y ser y no ser y estar y no estar
alumbrar y apagar
dar y recibir
un descanso infinitivo
a esta permanente evolución

Pero uno es más los otros que uno mismo
uno es el que se hunde en el espejo
y los otros los que flotan
En uno se suicidan las palabras
y viven las ideas
Coma un plato de lengua en salsa verde
y déle lo que sobre a las palomas
¿Cuánto cobra por cruzar su perro?
Duerma para siempre en esta espuma
olvídese del Che que ahí viene dios
hablando en castellano con su virgen
secretaria traduciendo al inglés sin parpadear
Preferible ver al cielo
y sostenerle la mirada a las estrellas
penetrar su timidez
y escuchar lo que sienten de la vida
igual que hizo Vallejo
por eso me da hambre
y me la quita

Vámonos poeta
vámonos al carajo
vamos a morirnos en España
o en París porque aquí nadie nos mata
nos paren y nos vuelven a parir
estoy harto de nacer ¿y tú que piensas?
por qué dijiste
“voy a cerrar mi pila bautismal, esta vidriera
este susto con tetas,
este dedo en capilla,
corazonmente unido a mi esqueleto”
y luego:
“¡Es como si contaran mis pisadas!”
Basta poeta
te invito unos huevos rancheros
en el país de enfrente
Vámonos, ayer será otro mañana

Ya sé que te fortaba Eric Satie
Debussy te pianaba oportunista
no te creo, no te creo ni madre lo que dices
tú no estás muerto
lo que murió fue la religión
murió la ortografía
la página en blanco
pero tú, navegante del ocaso
capitán del alba
sobreviviente del olvido
y sus conciertos
Escucha las sonatas de mi hijo
impresionistas, cómo no.

(Regresa al Índice general)
Guillermo Briseño

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